Médicos voluntarios de Cuenca trabajan bajo condiciones extremas

Apr 19, 2016

Los médicos que están de voluntarios en Cuenca temen una epidemia y dicen que el olor de la muerte se respira en el aire.

Decenas de enfermeras y de médicos están trabajando bajo una lona en el estacionamiento del Hospital Rodríguez Zambrano de Manta.

Este hospital que es parte del sistema de salud de la Seguridad Social del Ecuador, ha sido dañado durante el terremoto de magnitud 7.8 del sábado y tuvo que ser abandonado.

Cuenca medical volunteers at work.

Algunos médicos llevan a cabo las funciones de dar prioridad a las víctimas del terremoto que van apareciendo, otros médicos se dedican a curar y a realizar cirugías menores.

Rodeados de montones de escombros, estos médicos trabajan en medio de los gritos de dolor y gritos de angustia, con el sonido de los helicópteros de fondo y el estruendo que se genera al arrancar los generadores eléctricos y la maquinaria.

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Sobre el pavimento y debajo de sus pies restos de sangre. En un lado de la zona de trabajo, tres cuerpos son cubiertos con mantas.

Esta es la descripción de lo que se está viviendo en ese mismo momento en la zona.

Johana Riera y sus compañeros voluntarios de Cuenca, comentan que se encuentran dentro de una escena que nunca antes habían experimentado o incluso imaginado.

Johana dice: “Esto no se puede describir”. “Hay mucho trabajo por hacer y los sanitarios no dan abasto.”

Uno de los compañeros de trabajo de Johana Riera describe la escena como “condiciones generales de una horrible pesadilla.”

chl quake SS hops manta comcerioLa mayoría de las víctimas provienen de la afectada ciudad de Tarqui.

Tal y como llegan, son examinados y clasificados según la necesidad de tratamiento. Algunas personas con heridas menores tienen que esperar a ser atendidos, mientras que otros requieren atención inmediata.

Los trabajadores de rescate no saben dónde colocar a los muertos.

“El domingo por la tarde, el camión de rescate nos trajo a 12 personas,” dice Riera. “Siete murieron y cinco consiguieron vivir.”

Como otros trabajadores del cuidado médico, Riera se preocupa por la acumulación de cuerpos que se encuentran alrededor del área de tratamiento médico, así como en Tarqui, donde varias casas se han derrumbado. “Esto podría terminar en una gran epidemia y estamos en este momento hablando con la policía, para ver que se puede hacer.”

Johana añadió: “En todas partes huele a muerte“.

Más al norte, en Pedernales, la psicóloga Karina Chérrez trabaja con el equipo dando asesoramiento a las familias de los muertos.

Ella dice que las victimas le preguntan cosas como: “Hace un minuto mi hija estaba viva y al minuto siguiente ella está muerta.”, ¿Cómo respondes a eso?

Karina Chérrez  ha comentado que lo peor son las familias cuyos familiares están enterrados en las casas caídas. “Si sabes que alguien ha muerto, puedes iniciar el proceso de curación. Cuando no se sabe si están vivos o muertos, no hay nada más que angustia.”

Para Chérrez, el ambiente de trabajo no es nada propicio para proporcionar duelo a las víctimas.

Como el resto de voluntarios, Chérrez apenas ha dormido unos minutos desde el domingo, después de 14 horas de viaje desde la ciudad de Cuenca.

“Estoy cansada pero, ¿cómo puedo pensar en dormir si cuando cierro los ojos solo pienso en todo el trabajo que falta por hacer? Prefiero seguir trabajando, añade.

 

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